PUNTAJE
4/5Destacado

Para los que hemos crecido en los años ’90, la animación japonesa no nos resulta algo extraño: Sailor Moon, Dragon Ball, Card Captor Sakura, Evangelion, Saint Seia y hasta la dulce Heidi que los de generaciones anteriores también recordarán, han formado parte de nuestra infancia. Más tarde vendrían otros fenómenos mundiales, desde los “shonen” herederos del manga de Akira Toriyama, One piece, Bleach o Naruto hasta la universalmente difundida Ghost in the Shell, entre muchos otros, los cuales, a partir de los precedentes que fundaron los anteriores, recorrieron el mundo y contribuyeron a la expansión de la cultura japonesa en occidente. Ya sea como adaptaciones de manga o como anime original, desde el cine (y no podemos dejar de mencionar, claro está, al fabuloso trabajo que el estudio Ghibli ha realizado desde Nausicaä del Valle del Viento en 1984 hasta nuestros días) o en la televisión, esta cosmovisión que constituye la animación japonesa se presenta ante nosotros como un mundo familiar y a cuya esfera cultural accedemos no como extranjeros sino como participantes.

No es casual, entonces, que las nuevas tecnologías apelen a este género audiovisual y se conviertan, por lo tanto, en medios para acceder a él. Netflix, empresa pionera en repensar el concepto del entretenimiento y fuerte competencia para la ya obsoleta televisión mundial actual, se ha posicionado a la vanguardia dentro del campo de distribución y producción de contenidos, ganando de mano a gigantes como Disney o HBO. Películas, series, documentales y reality shows son producidos exclusivamente para y por la plataforma que ostentan una calidad excelente y que permiten su difusión a lo largo y ancho del globo. Este es el caso de Violet Evergarden, un animé original basado en las novelas de Kana Akatsuki y llevado a la vida por Kyoto Animation. Violet es una Doll de guerra, una joven que ha sido entrenada para el combate desde su creación y su existencia se ha visto reducida únicamente a esto. Es así que luego de la finalización de lo que en este universo equivaldría a la Primera Guerra mundial, se ve obligada a vivir y, en consecuencia, a experimentar todos los aspectos de la vida. Particularidades que no entiende y que capítulo a capítulo irá explorando, creciendo en su identidad como Violet y como Auto Memory Doll. Estas son mujeres especializadas que se encargan plasmar en cartas los deseos y sentimientos de sus clientes, empleo generado en la posguerra y por la poca alfabetización de los sectores económicos más pobres y por el snobismo de los superiores. Nombrar y conocer el amor, la belleza, la amistad, y el dolor será su viaje de autodescubrimiento que comienza con las últimas palabras que el Mayor Gilbert, el superior y mentor de Violet, le dice antes de morir.

La guerra, o más bien, la posguerra, son temas recurrentes en la serie. El dolor y la devastación que el conflicto armado trae a la vida de los hombres se presenta como escenario ideal para que Violet pueda explorar las distintas caras que va adoptando el amor, que aflora en esos momentos de vulnerabilidad y demuestra los diferentes matices y aristas del sentimiento humano. Distintos nombres, distintas historias, pero todas con intensidad profunda. El amor fraterno, el familiar, el filial, el que padres y madres tienen por sus hijos, el amor por la tierra propia y hasta por los ideales hacen a la existencia de los hombres y mujeres. La tarea de Violet le permite ir aprehendiendo todo esto y así adoptar una nueva concepción de la vida y de la suya propia, pasando por diferentes momentos de miedo, frustración y conflictividad. Debemos hacer aquí una pequeña salvedad: si bien algunas historias nos puedan parecer predecibles, la manera de resolver las situaciones por medio de la composición de la imagen y las transiciones planteadas por la dirección muestra que el lugar común a veces es materia prima para lo nuevo.

Este es definitivamente un ejemplo del arte de la animación: al disfrutar de cada capítulo de esta serie el espectador no puede dejar de pensar en la palabra Belleza. La calidad de la animación es realmente excelente y el detalle es pensado y ejecutado con sumo cuidado. Es así que en las escenas en que el viento alborota los cabellos de los personajes los fotogramas son más numerosos de lo normal y la posición de las hebras no se repite, el cristal es atravesado y refleja la luz, el agua se mueve con un aspecto hiperrealista, entre otros muchos detalles al respecto. La iluminación es lo que más se destaca de los aspectos técnicos, que hacen gala de una ejecución que logra crear la ambientación perfecta para cada escena. El uso del 2D y el 3D simultáneos se suman a las técnicas como el time lapse o cámara rápida, la superposición de elementos en la imagen y la presentación de escenarios gigantescos cuidados hasta el más pequeño detalle. Todo esto se une maravillosamente para generar una excelente comunicación entre animación y espectador a través del lenguaje audiovisual.

Con una estética vinculada al steampunk, Violet Evergarden construye lentamente un universo  propio tanto en lo visual como lo argumental. Más allá de la premisa, algo trabajada por obras anteriores, este es un espectáculo que merece la pena ser disfrutado; claro está, escuchado en la musicalidad de su idioma original. La belleza audiovisual de la animación y la profundidad de las historias hacen de esta serie un deleite desde el primer capítulo.