Puntaje
5/5Imprescindible

Los guiones de las series modernas (me refiero principalmente a las de esta década, pero no excluyo a otras anteriores) han seguido una inclinación narrativa que las diferencia de la mayoría de lo que se hizo anteriormente. Los éxitos actuales, como BREAKING BAD, TRUE DETECTIVE O GAME OF THRONES optan por una aproximación diferente en lo que respecta a la construcción de los personajes. Hay una progresión hacia una profundización distinta a la hora de caracterizar a los protagonistas de las series. Claro que no se puede, como en la mayoría de los casos, hablar de una revolución inmediata. Sin embargo, el cambio es notable. Los personajes no están ya definidos por lugares comunes o fórmulas; no son simplemente un contenedor dentro del que se conjugan acciones y palabras que son respuestas simples a estímulos básicos; no son seres que actúan por inercia, que accionan según un algoritmo que define inevitablemente su proceso de pensamiento. Si tuviera que utilizar una palabra, no son ya robots, no son programaciones.

Los personajes son cada vez más humanos. Sus modos de interacción con sus realidades son más y más complejos, porque sus formas de reaccionar están definidas, ya no por enunciados predeterminados, sino por conflictos internos. Sus consciencias son cajas de resonancia donde interactúan voces de distinta procedencia, deseos cruzados y emociones diversas una de la otra. Este es el caso de Steven, el protagonista de STEVEN UNIVERSE, y los personajes que lo acompañan en su mundo color pastel. Ellos son, no solo parte de un plan narrativo que cuenta una historia interesante (como puede ser el caso de los dibujos animados de los 80 y 90), sino que son también sujetos en diálogo con su entorno. Si algo hace Steven Universe que es único, que no he visto que se haga en el mismo nivel y con la misma sensibilidad en otra serie, es plasmar la naturaleza conflictiva y la intensidad de las emociones que atraviesan las relaciones humanas. La serie de Rebecca Sugar hace uso de las características (sociales, corporales, políticas) de esa raza alienígena que son las Gemas para construir un juego metafórico donde el significado vuelve siempre a lo mismo: la relación entre Steven y las Crystal Gems. Lo que cambia no es la “gran historia” (el bien depositado en los principios humanos del amor y la comprensión frente al mal, es decir, el autoritarismo y la enajenación del individuo), sino la “historia pequeña”, esa del sujeto y el otro, el sujeto y su entorno.

Voy a dar un ejemplo, así que aviso de antemano, SPOILER ALERT. En el capítulo 37 de la primera temporada se explora el fenómeno de la “fusión”, que consiste en una unión entre dos gemas para crear una gema nueva. Steven, mitad gema y mitad humano, descubre que tiene la capacidad de fusionarse con su amiga humana Connie. Este elemento, que constituye un punto central dentro del universo de ciencia ficción de la serie, genera además una apertura de significado. No se trata simplemente de que la fusión otorgue más poder y sea un argumento narrativo necesario para el progreso de la historia. Al abrir esta nueva posibilidad, el guión adquiere una forma inédita de explorar cómo funciona la interacción entre los individuos. No se trata solo de una metáfora para las relaciones amorosas o íntimas: por la forma en la que se utiliza, evadiendo cualquier tipo de fórmula, la fusión se vuelve una manera única y fascinante de retratar una experiencia, aquella que surge en el contacto de dos personas. En STEVEN UNIVERSE siempre hay un plus de sentido, que va más allá del “relato para niños”, que se adentra en aquello que es “no-productivo” desde el punto de vista narrativo: el diálogo interno de las personas.  Por eso y otras cosas, la historia de Steven y sus amigos es un must-see.