Marshall – Reginald Hudlin (Panorama Autores)

Reginald Hudlin retoma uno de los casos más famosos que tuvo que enfrentar el abogado Thurgood Marshall por los derechos de la comunidad afroamericana; miembro y representante de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color, llegó a ser el primer afroamericano miembro de la Corte suprema de Justicia estadounidense. La película retoma uno de los casos que llevó a la consolidación de este hombre como una figura pública en 1940 en medio de un clima de segregación racial que acompaña a Estados Unidos hasta nuestros días. Pensando en el contexto de emisión del film es imposible no relacionarlo con el clima de violencia y demonización hacia la población negra que lleva a miles de personas a levantar carteles en las calles con la leyenda ‘Black lifes matters’ y, en las redes sociales, ‘Oscar’s so white’, en relación con la más grande entrega de premios del séptimo arte. También podemos hacer conexión con otros títulos contemporáneos como Twelve years a slave, Hidden Figures o The help. La dura lucha que la comunidad negra ha mantenido desde su llegada en barcos esclavistas se mantiene hasta la actualidad, por lo que no es de extrañarse que el tema siga siendo revisado una y otra vez, aunque en este caso desde la perspectiva no del dominado sino del héroe, como tampoco que venga de la mano de un director de ascendencia africana.

El equipo defensor se conforma con representantes de dos minorías: un negro y un judío que se esfuerzan por probar la inocencia de un chofer acusado de violar a la esposa blanca (Kate Hudson) de un poderoso empresario, quienes se han establecido recientemente en Connecticut. Chadwick Boseman y Josh Gad son los encargados de dar vida a este dúo dinámico de la justicia en un tribunal en el que a Marshall se le ha prohibido el uso de la palabra. Del otro bando se encuentra Dan Stevens, encargado de dar vida al despiadado y ambicioso abogado Loren Willis. Los cuadros que decoran la sala del tribunal son espectadores privilegiados del desarrollo del juicio. Paradójicamente, retratan la llegada del hombre blanco que trae la civilización, la escritura y la cosmovisión occidental (sumado al saqueo, la guerra y la matanza) al continente nombrado posteriormente como América. Así también serán testigos de la batalla legal por la inocencia de Joseph Spell, interpretado por Sterling Brown. Por medio de la ley, los afroamericanos han logrado conquistar derechos y están en plena carrera por el acceso a más. Esto se vincula con las situaciones de violencia antisemitas que sufre el abogado Sam Fiedman, al mismo tiempo que se hace mención al avance de Adolf Hittler en Europa. Fiedman, el abogado especializado en casos domésticos, aunque blanco, pertenece a otra minoría cultural y políticamente sometida y que además debe debatirse entre la defensa de lo que es correcto y las consecuencias que esto conlleva tanto en su vida personal como profesional.

El film logra construir en tonos cálidos un escenario hostil pero que permite la confrontación desde la razón y la emoción. Si bien es un trabajo lineal que cierra las incógnitas y las líneas argumentales que presenta en relación al juicio y a los aspectos personales de los personajes, la película se conforma de manera sólida y bien narrada, sin problemas de concordancia entre el tema y su resolución. El tratamiento del héroe se hace desde la humanidad, el dolor y el sufrimiento en muchas ocasiones, pero siempre haciendo un salto hacia la superación de las dificultades. Marshall es una película satisfactoria para el espectador, porque se encuentra con una historia que cumple con aquello que promete (como puede ser un drama legal-western-justiciero) pero con un ritmo ágil que mantiene la atención encendida y hace que no se vuelva predecible el mayor tiempo posible dado a las exigencias del guión. Los personajes femeninos son interpretados de manera apropiada y son las piezas que permiten llegar a la resolución del caso aunque, desgraciadamente, no toman relevancia más que como complementos de los masculinos. En suma, Marshall es una pieza que no decepciona, entretiene y hace reflexionar acerca de los tiempos en que vivimos y hemos vivido a lo largo de nuestra historia como ‘americanos’.

60/100

El vigilante – Diego Ros (Panorama de Cine Latinoamericano)

Dirigida por Diego Ros, El vigilante se nos presenta como una pieza que dialoga constantemente con el espectador. La historia sigue a Salvador, un guardia que trabaja en una obra en construcción a las afueras de la Ciudad de México en un día atípico. Al llegar, se ve en situación de declarar ante la policía por el hallazgo de una camioneta con un cadáver dentro. Ese mismo día, festivo además, el compañero que debe relevarlo se retrasa y debe permanecer en su puesto mientras se va acercando la noche. Ese será el comienzo de una serie de acontecimientos que lo interpelarán a lo largo de la cinta.

A partir de un escenario desolado, a medio terminar, híbrido entre lo que existe y lo inexistente, la obra en construcción se erige como una zona de refugio (futuro) para los más acaudalados. Desde el risco es posible divisar la ciudad distante, ruidosa, llena de gente, de vida, y fundamentalmente, contrastante con la soledad y el vacío que encierra este espacio. Las instalaciones que Salvador recorre dan lugar a un espacio ambiguo en el que la oscuridad reina y en donde la realidad se distorsiona. La noche encierra secretos, crímenes, soledades, vidas difíciles, supervivencia. Esto se irá manifestando a medida que el film avance en las distintas interacciones que mantenga el vigilante con los demás personajes: un trabajador sin hogar, una misteriosa mujer que aparece en medio de la noche, dos policías sospechosos, un padre y su hijo fugitivo y su compañero de trabajo.

Las constantes llamadas que Chava hace a sus familiares asegurando que pronto terminará su turno e irá a su encuentro genera expectativa en el público, lo que se ve frustrado con cada postergación. La acumulación de estos momentos de vaivén aumenta la ansiedad del espectador, quien se debate entre el deseo de satisfacción del misterio y el deseado encuentro del protagonista con sus seres queridos (poco a poco nos vamos enterando de la urgencia de esto). El público se iguala con Salvador, que se ve inmerso y arrastrado por esta disyuntiva. Las interacciones entre los dos vigilantes aumentan la impaciencia: su compañero sabe más de lo que cuenta y se niega a revelar (nos) el resto, lo que genera constantes obstáculos en el acceso a la verdad. El sereno se hace partícipe de los crímenes ajenos de forma imprevista, lo que contrasta con su personalidad sencilla y honesta. Testigo de la corrupción, el miedo, la desesperación y la muerte es involucrado por los eventos de una noche fatídica que lo alejan de uno de los sucesos más importantes de su vida, revelando en la penúltima escena del film.

La dura realidad mexicana actual no está ausente de este film. El verdadero criminal de la historia, y con quien se enfrenta Salvador en su papel de sheriff espontáneo (y además vestido con una camisa hawaiana que recuerda al atuendo de Magnum, el detective de la serie homónima de los años ‘80) es la degradación espiritual de toda una sociedad. La corrupción criminal-policial y la intimidación y el miedo que provocan esta impunidad, el desprecio por la vida, la indiferencia, la falta de respeto por la muerte, el egoísmo y la falta de justicia y de paz se erigen como gigantes incapaces de vencer. En este espacio en el que reina la oscuridad y las luces son escasas y pequeñas, como la de la linterna del vigilante, así también surgen los gestos de la humanidad y la bondad de Salvador. Estos brillan en medio de la noche, resaltan y dan esperanza en medio de la conmoción.

El horror invade tanto al espectador como al protagonista quien, impotente frente a la realidad que le toca vivir, decide mantenerse firme en sus convicciones en la medida de sus posibilidades para proteger su vida y la de su familia luego de percatarse de que la situación que lo rodea es un oponente al que nunca será capaz de someter por sí solo. El vigilante se conforma como la única presencia de la justicia y la compasión en un ambiente hostil y abandonado a su suerte. El espectador se queda con el amargo sabor de la injusticia frente a la indiferencia y la impunidad del poder.

70/100