Thelma – Joachim Trier (Competencia Internacional)

Sin duda una sorpresa el ver en la lista de competencia el último film del aclamado director noruego Joachim Trier. Thelma, su cuarto largometraje, es sin dudas el más particular de toda su filmografía. El escandinavo se permite meterse en su primer film de género, un thriller fantástico que constantemente busca escapar a las definiciones. El argumento va de una joven (Eili Harboe como Thelma), criada por católicos ortodoxos, que en su paso por la universidad empieza a experimentar simultáneamente acontecimientos extraños y atracción por una compañera de clases.

Esto del despertar sexual que se sucede a la par de un despertar-otro es una estructura bastante convencional que nos recuerda a películas como la clásica Carrie (1976) o a la más reciente Raw (2016). Sin ser un procedimiento argumental novedoso, podemos decir que, si está bien llevado a cabo, es siempre exitoso y éste es sin duda el caso de esta película. Pese a lo simple y convencional resulta interesante el desarrollo de la historia que le permite brillar al personaje de Thelma, con una excelente actuación de Eili que le termina valiendo el Premio a Mejor Actriz del MDQIFF 32.

Hay intertextos cristianos dando vueltas por el film. El más claro es la figura de la serpiente que aparece en algunos de sus episodios sobrenaturales. Hay una clara intención de problematizar y criticar la moral y la represión que ejerce sobre los cuerpos (la biopolítica), crítica que luego se profundiza hacia el sistema de salud y la farmacología como forma de normalizar aquello que difiere. En esta matriz ideológica aparece la rebelión contra la Ley (el padre simbólico y el padre de carne y hueso) como forma de sanidad. En este sentido se ven múltiples escenas del padre actuando como controlador y delimitador de los actos de Thelma, así como el conflicto interno que esto le genera al personaje en cuestión.

La dirección de la cámara y la fotografía son también resaltables (recibió el premio no oficial de la ADF por su fotografía), ahí es donde se ve la clara impronta estilística del escandinavo. El montaje y el sonido del film contribuyen a crear momentos de gran tensión, así como una sensación de malestar, incomodidad e intriga durante el film. Se le puede criticar sobre todo a nivel argumental, donde muestra de manera más evidente sus falencias: ciertos momentos cliché, un argumento que no se mueve demasiado de las convenciones y cierta falta de complejidad en el resto de los personajes. Sin embargo, a rasgos mayores, es un largometraje que tiene muchísimos más aciertos que equívocos. Como siempre, el director noruego no decepciona. Con Thelma logra un coming-of-age atípico, donde la búsqueda de la identidad cobra vital importancia, confluyendo el cine LGBT con el thriller. Pese a salirse de su zona de comfort, Trier logra mantener su estilo característico y logra una gran obra para el deleite del espectador.

85/100

9 Fingers – FJ Ossang (Panorama de Autores)

Luego de una espera de siete años, FJ Ossang, el francés rockstar del cine, poeta y músico punk, vuelve a las pantallas con 9 doigts (9 Fingers). Lo menos que se puede decir es que es una película osada. Tanto así que ganó el premio a Mejor director en el Festival de Locarno de este año. Y no es para menos, se trata de una audaz propuesta en todos sus frentes, tan críptica como movilizadora.

Los primeros minutos parecemos estar al frente de un film noir (que bebe de lo mejor de éste, principalmente Melville), donde el personaje principal, Magloire (Paul Hamy), luego de encontrar moribundo a un mafioso y adueñarse de un botín, es atrapado por una pandilla de gangsters -a la que pertenecía el difunto- y obligado a formar parte de ésta si desea seguir viviendo. A partir de allí se suceden algunas escenas atípicas, sí, pero aún con una linealidad entendible. Luego un robo que sale mal y todo se va al demonio. Los gangsters, incluido el protagonista, huyen hacia un barco fantasma y ahí todo lo que tenía de estructura noir y convencional explota completamente.

El film da paso a procedimientos que recuerdan mucho a la vanguardia (al expresionismo como influencia patente), escenas fragmentarias, paisajes neblinosos de una bellísima fotografía en blanco y negro, confusión generalizada, elecciones arriesgadas de cámara y edición, un argumento que no para de irse para todos lados, una fuerte atmósfera post-apocalíptica y diálogos que recuerdan más a los monólogos teatrales que a la convención del cine.

Todo esto, por sí mismo, no significa nada, claro está. Podría tratarse de un bodrio pedante, de un intento arriesgado de experimentación formal que no llega o no concreta en nada. Pero no, estamos al frente de un film tan intrigante como exquisito. Si bien parece no haber una continuidad genérica en este quiebre argumental, creo que existe una continuidad temática. De las organizaciones delictivas y el misterio policial vamos hacia otro tipo de misterio (un meta-misterio) que nos lleva al terreno fantasmático de la existencia.

Sí, las escenas del barco parecen límbicas y delirantes (las organizaciones delictivas dan paso a la paranoia conspirativa de las otras grandes organizaciones sociales), pero es aquí donde el film brilla con mayor intensidad. Además del expresionismo se notan grandes influencias, el surrealismo, la nouvelle vague y el teatro del absurdo (Beckett mayormente), siendo los diálogos, sobre todo ciertos monólogos, impecables. Mediante el diálogo de los distintos personajes vemos diversas aristas del pensamiento y la acción humana (el hombre como ser de tiempo, el hombre como ser de acción, como ser revolucionario). Dentro de este conflicto, Magloire, como el espectador, intenta generar algo de significado y parece encontrarlo momentáneamente en la poesía, la otra gran influencia de este film. Por instantes la cámara parece adquirir la respiración propia de la poesía, acompañando el devenir discursivo de los personajes.

El capitán del barco dice, mientras analiza y traza un mapa de la nueva conformación espacial de la tierra -que nunca cesa de modificarse-: “esto es un mapa, no el territorio”. Al mismo trabajo se ve empujado el espectador, trazando mapas que se componen y descomponen simultáneamente. Y en medio de toda la locura, más locura: conspiraciones sobre gente que es asesinada, unos tipos con máscaras y fumigadores (el veneno, la plaga y el delirio se apoderan del barco), la pelea por el polonio que llevan como botín, la claustrofobia de no llegar nunca a tierra firme -un territorio aparentemente inaccesible como inacabado-, un médico que viene desde una tierra llamada Nowhereland que parece -con intenciones dudosas- querer venir a dar cierto orden en el barco.

En fin, un film tanto o más confuso que la reseña que escribo. Pero no por eso menos atractivo e interesante. Ossang logra con 9 doigts no solo una experimentación formal llamativa y mayoritariamente acertada, sino también generar en el espectador múltiples preguntas genuinas y una búsqueda constante de significado que no cesa de escapar. La fotografía, la dirección, el guión -pese a algunos pequeños momentos de flaqueo argumental-, las actuaciones, todo está en su correcto punto. ¿Vale la pena al fin tanto juego enigmático y laberíntico? En mi opinión sí. Claramente el esfuerzo que demanda rinde sus frutos. Probablemente, sin embargo, sea una película que levante tantos adeptos como críticos acérrimos. ¿Qué otra cosa se le puede pedir?

95/100