Madame Hyde Serge Bozon

El film de apertura del festival este año fue peculiar, se trata de Madame Hyde de Serge Bozon, quien fue invitado para presentarla y responder un Q&A luego del visionado. Digo peculiar porque se trata sin dudas de una propuesta llamativa, una adaptación libre -muy lejana diría- de la novela de Stevenson. Huppert encarna a Madame Géquil, una profesora de una escuela pública -donde asiste mayoritariamente gente de estratos socioeconómicos bajos- con serias dificultades para lograr hacer circular el conocimiento en el aula. Los alumnos no le hacen caso y se burlan de ella constantemente, especialmente Malik, un chico con discapacidades motrices que termina convirtiéndose en su favorito. Las cosas transcurren en un estilo aparentemente realista, hasta que haciendo experimentos Géquil es alcanzada por un rayo. Allí despertará paulatinamente Hyde, su opuesto total.

Lo bizarro es que para esta representación del doble, Bozon decide prender fuego a Huppert. Sí, la convierte en una corporalidad luminiscente que quema, generando algunas escenas cómicas y otras innecesarias por igual. Se entiende aquello del negativo de la fotografía como parte de efecto visual y el paso desde la oscuridad hacia la luz, aquel juego del anverso que constituye el despertar como maestra (ya que con la intrusión de Hyde empieza a mejorar sus métodos de enseñanza), pero no creo que sea un acierto total, sino más bien un desconcierto, la elección artística de Bozon.

Madame Hyde es o pretende ser una película sobre la educación. Hay escenas con intenciones casi documentalistas sobre las clases y la educación -literalmente se ve cómo se suceden los procesos de aprendizaje de los chicos, y de qué manera Huppert y su ayudante intentan acercarse a la enseñanza. Sin embargo esta veta no termina de explotarse, se queda siempre a medias. El guión resulta de lo más flojo del film, pese a ciertas escenas que deslumbran -como la de unos chicos rapeando y cantando con una competencia lingüística y musical admirables, mostrando una cierta problematización a la institucionalización de la educación.

Las actuaciones por su parte tienen altibajos. Huppert cumple como siempre (aunque el rol no sea el mejor para lucirse) y Romain Duris -como el director de la escuela- resulta uno de los grandes aciertos del film (ya que le brinda alguno de los mejores momentos y aporta a la inconclusa veta cómica), el resto no destaca y quizás la culpa sea más del guión que de los actores. Incluso las mejores actuaciones dejan sabor a que podrían haber ofrecido más.

Las cosas como son, Bozon es un tipo talentoso y un copado carismático que reboza simpatía. Pero esto no alcanza. Pese a su audacia en la dirección, su irreverencia y sus múltiples aciertos, el resultado final es algo deslucido. Las intenciones son buenas, pero la potencialidad sólo se queda en eso.

65/100

5 Therapy – Alisa Pavlovskaya

Bajo el marco de la sección Competencia Internacional se proyectó el segundo film de la directora ucraniana Alisa Pavlovskaya: 5 Therapy (Quinta terapia). El argumento es bastante sencillo, cuenta la vida de Stas Dombrovsky, un escritor ucraniano que tuvo problemas de drogadicción -abusando de múltiples sustancias-, declarado VIH positivo a los 17 años y con varias estadías en prisión. Una vida complicada, sí. La narración parte desde su juventud, donde emprende un camino de decadencia autodestructiva, hasta su posterior -y actual- redención y reinserción en la sociedad. Basándose en sus relatos autobiográficos -posts de facebook que luego recopiló y publicó- Pavlovskaya decide no sólo contar la historia del escritor de Odessa- donde todo el film sucede-, sino hacerlo partícipe siendo actor de sí mismo y participando activamente del desarrollo del guión.

La película contó con escaso presupuesto y muchos de los actores son de hecho amigos o conocidos de Stas en sus estancias por la cárcel y lugares de mala reputación (y otros son gente que simplemente quiso colaborar con el proyecto). Esto se nota. Tanto en sus aristas positivas (le otorga una cierta cuota de verosímil, sobre todo en el estadio carcelario) como en sus negativas (algunas elecciones artísticas, como la escena del ácido, simplemente no resultan buenas). La acción pasa mayoritariamente por y para Stas, quien tiene una actuación decente y más que aceptable, logrando empatía en el espectador pese a su falta de experiencia actoral. Eso de actuar de uno mismo siempre tiene sus ventajas. Las escenas de placer destructivo y de delirio paranoico causados por la droga, así como la ambivalente fraternidad hostil de la cárcel, adquieren una sensación vivencial realista muy fuerte. En la primera mitad del film es donde vemos lo mejor que nos ofrece; después, presa de los necesarios clichés, cae en un declive que no termina de opacar lo que nos ofrece el largometraje.

Si bien el film posee algunos momentos realmente flojos -como las escenas de las fiestas y su breve amorío con una joven- y con obvios tintes moralizantes, no menos cierto es que también ofrece una dirección robusta, varios aciertos en materia de montaje y sonido, una actuación que transmite y logra generar empatía, momentos de tensión y crudeza que no caen en el melodrama, y una invitación a la reflexión continua sobre la corporalidad, la sanidad y su función político-social.

Quizás el resultado final no sea deslumbrante, pero 5 Therapy logra moverse con hidalguía entre el relato desgarrador de la adicción y la humanidad que insiste mediante la escritura, como canal de la fuerza vital que lo lleva a recuperarse. Una película política y humanamente buena que no logra satisfactoriamente salvar sus defectos.

60/100