Puntaje
3/5Recomendada

Siguiendo la tendencia general de Hollywood, Disney ha emprendido un programa de reciclaje de sus filmes más exitosos: desde viejas como BLANCA NIEVES Y LOS SIETE ENANITOS hasta éxitos de la era dorada, como la excelente EL REY LEÓN. Remakes, spin-off, versiones alternativas, ya saben cómo va el cuento. Si además tenemos en cuenta que la empresa del Ratón es dueña del universo de Marvel con sus superhéroes actualizados de sus versiones originales de los años 40, se vuelve evidente que ésta proyecta la mayoría de su potencial de ganancias en historias que existen previamente. Esto no es nuevo, sino más bien una marca de la casa. Históricamente, Disney debe una inmensa cuota de su éxito a la adaptación de grandes clásicos de la literatura infantil, a tal punto que se ha vuelto el visor a través del cual incorporamos historias cuyo origen se remonta a culturas alejadas en tiempo y hasta en espacio. Disney cumple un rol importante: es un actualizador de sentido. Esto lo vuelve un monopolio poderoso pero difícil de mantener. Tal vez a esto responda este nuevo programa de re-adaptación: mantener un control sobre la forma en la que se leen e interpretan las historias tradicionales (y por lo tanto, sostener una fuertísima incidencia en todo tipo de concepción social, política, ética, etc).

Siendo cualquier película me hubiera salteado ese lapsus algo teórico, pero creo que, justamente a estas películas, las infantiles, las de Disney, las que se hacen cargo de algo tan pesado como la tradición literaria, no hay que mirarlas inocentemente. Desde esta perspectiva, la reciente EL LIBRO DE LA SELVA (2016) dirigida por Jon Favreau respeta sin grandes cambios la versión que trae el “original” musical de 1967. Las variaciones son superficiales: menos lugar a las canciones, un tono algo más “serio” y “oscuro” que parece ser una norma estética del cine actual, y nombres renovados y famosos: Bill Murray, Ben Kingsley, Idris Elba, Scarlett Johansson, etc. El mensaje y los conflictos generales del guión son similiares (Sheer Khan es el personaje que más ha cambiado su personalidad: pasó de ser un bully ególatra a ser un xenófobo. Esto en virtud de una historia que muestre el discurso más maduro de la intolerancia vs la aceptación). Cinematográficamente no hay nada que achacar: el trabajo de producción es fantástico (una película hecha en su mayoría en las computadoras pero que se ve casi como si estuviera filmada en locación); la narración se mantiene centrada y que alterna bien los momentos de acción, de drama y de comedia; y los personajes, si bien son (como también se ha vuelto moda) proyecciones digitales de los “personajes” que estos grandes actores han construido a lo largo de sus carreras, funcionan.

EL LIBRO DE LA SELVA es una película exitosa. Resuelve con fluidez los problemas que podrían traer sus características de producción (el hecho de filmar casi todo en pantalla verde) y aprovecha ese “nuevo tono” del cine infantil para impulsar un sentido de urgencia al mensaje que recupera de la anterior. Pero, el hecho de que ésta sea aún otra re-adaptación de Disney me tienta a ir un poco más allá de la reseña, y juzgar esta película (y otras similares) con otros ojos. El largometraje es bueno entre sus pares, pero pertenece a un género más bien conflictivo y que debe cuestionarse. Esa mirada distinta, influenciada por la consciencia del poder que alberga esta compañía, me dice que EL LIBRO DE LA SELVA podría, y debería, haber sido mejor, más osada, dispuesta a decir algo nuevo y hacer un uso más renovador de la tradición de la que se ha apropiado.