If Beale Street Could Talk. Dirección: Barry Jenkins. Estados Unidos, 2018. Guión: Barry Jenkins (Novela: James Baldwin). Elenco: KiKi Layne, Stephan James, Diego Luna, Pedro Pascal, Teyonah Parris, Regina King, Colman Domingo, Brian Tyree Henry, Ed Skrein, Michael Beach, Emily Rios, Finn Wittrock, Dave Franco, Aunjanue Ellis, Faith Logan.

Siguiendo la tendencia generalizada de adaptar libros escritos por autores afroamericanos, lo nuevo de Barry Jenkins nos trae la historia escrita por James Baldwin acerca de Tish y Fonny, una pareja que intenta salir adelante luego de una acusación falsa que lleva a Fonny a prisión. Siguiendo una aproximación similar a la que ejercita en la película ganadora del Oscar en 2017, Moonlight, Jenkins se vale de su caja de herramientas para hacernos sentir lo más cerca de sus personajes que se pueda. La protagonista interrumpe la historia para narrarnos a nosotros personalmente, en segunda persona, lo que ocurre o lo que ella o los demás sienten; los personajes miran constantemente de manera directa a la cámara; una clave musical entra cada tanto para dar cierta atmósfera a las escenas. El director se mete en el entorno familiar e íntimo de sus personajes con elegancia y suavidad. Las escenas de sexo se filman con la mayor delicadeza. Para las dramáticas, la cámara tiene paciencia y es en todo momento respetuosa. Hay, se nota en cada fotograma, y no puede negarse, una gran sinceridad y sentimiento en el modo en el que Jenkins trata esta historia.

If Beale Street Could Talk se mantiene siempre fiel a sus personajes. Pienso en una película con una premisa similar pero un tratamiento radicalmente distinto: Marshall de Reginald Hudlin, proyectada en la edición anterior del Festival. En esta película, Hudlin juega con los prejuicios del espectador respecto de un caso de una presunta violación de un hombre afroamericano a una mujer blanca, al no revelarnos toda la información desde el comienzo. El público se va enterando de la verdad poco a poco junto a nuestro protagonista, Thurgood Marshall. En oposición, Jenkins elimina todo rastro de la intriga echando mano de un sistema narrativo que se aleja del progreso lineal y opta por una alternancia de ‘flashbacks’ mediante la cual sabemos de antemano qué va a ocurrir. Y cuando no lo sabemos, el director se encarga de quitarle peso. Por eso digo que la película se mantiene fiel a sus personajes: en ningún momento se deja tentar por las muchas subtramas que se van abriendo. En lugar de perderse siguiendo alguna de ellas, la cámara siempre se queda con los personajes. Las situaciones se van así como llegan. No tienen más repercusión que el momento emocional al que dan origen. Todo el peso del largometraje cae sobre los personajes, y los actores hacen una buena tarea haciéndose cargo.

Sin embargo, esa obstinación por evitar cualquier elemento que no esté directamente relacionado con la vida emocional de sus personajes (se elude, y esto es un acierto, cualquier tipo de psicologismo, al que también se prestan algunas escenas) tiene sus complicaciones. La película dura dos horas, y, luego de la mitad, tras haberse asentado el mínimo contenido de intriga y habiendo ocurrido las escenas emocionales más fuertes, ésta se estanca. Los primeros planos y las claves musicales se vuelven repetitivas. El estatismo de la narración que Jenkins propone como núcleo del largometraje hace que éste difícilmente se mantenga atrapante hasta el final. La película termina, por esta razón, teniendo sabor a poco.

Prospect. Dirección: Christopher Caldwell, Zeek Earl. Estados Unidos, 2018. Guión: Christopher Caldwell, Zeek Earl. Elenco: Sophie Thatcher, Pedro Pascal, Jay Duplass, Andre Royo, Sheila Vand,Anwan Glover, Trick Danneker, Luke Pitzrick.

Christopher Caldwell y Zeek Earl debutan con su primer largometraje en la sección “Hora Cero” del Festival. Prospect trata sobre un padre y una hija que quedan varados en la luna de un planeta extraño a la que viajan para explotar una suerte de mineral precioso que se produce en sus selvas. La película narra la travesía que los personajes deben atravesar para sobrevivir y salir de allí. Los personajes se definen con gestos veloces. El filme no se detiene con ellos sino que establece lo necesario para introducir ‘stakes’ a su historia, para conectar brevemente al espectador con los protagonistas. Desde allí sale disparado hacia una aventura en un tono crudo y realista, haciendo hincapié en el dramatismo y sin recurrir a una estilización de tipo poética o metafórica (como se percibe por ejemplo en Gravity de Alfonso Cuarón). En otras palabras, es un relato cortito y al pie: dos personajes que llegan a conocerse, atraviesan una serie de episodios, y crecen (tienen un pequeño arco narrativo, lo exigido por un filme de este tipo).

El gran éxito de Prospect es la economía narrativa y el situar el relato en un espacio concreto y habitable por el espectador. Con su pequeña historia, los directores se largan a filmar en la selva. Al sentar la cámara en el suelo se logra una estética terrosa y palpable (en un sentido opuesto a aproximaciones a la ciencia ficción más puristas o pulcras y centradas en el conceptismo, como es el caso de lo que se suele llamar ‘hard science fiction’ con representantes como la reciente Arrival, de Denis Villeneuve). Por un lado, la película se toma su tiempo para instalar su espacio, manteniendo planos de cierta duración sobre la selva, dejando que su atmósfera viciada sea incorporada por el espectador. Por otro lado, no hay plano en esta película que no esté ensuciado de alguna manera (por tierra, por las esporas que flotan constantemente en la selva, por transpiración). Se logra de esta manera coherencia estética: se propone un pequeño relato de supervivencia y, con sus planos sucios y siempre pegados a los protagonistas, se mete al espectador dentro de ese extraño lugar al que el personaje de Pedro Pascal llama “la verde”. La proximidad establecida entre el público y lo visto y lo vivido por los personajes hacen que la hora y cuarenta de película no deje en ningún momento de ser emocionante.

Para finalizar, otras dos virtudes de Prospect: la utilización de una serie de criaturas fabricadas con materiales prácticos que fortalecen lo alienígena de este espacio tan peculiar (que de otra manera se hubiera limitado al uso de filtros y efectos por computadora) y la asocian a la tradición instalada por clásicos como The ThingThe Fly y principalmente Alien; el hecho de que Caldwell y Earl establecen sutilmente una serie de pistas que permiten imaginar un universo vasto y complejo que funciona como trasfondo de esta pequeña aventura. No intentan abarcarlo todo en su película sino que dan la cantidad de información justa para que la narración sea viable y el universo se mantenga misterioso e interesante (de modo que da ganas que lo sigan explorando en otras películas).

En resumen, Prospect es un primer paso más que interesante, una historia autocontenida que hace lo necesario para mantenerse dinámica e interesante, y que al mismo tiempo se da la libertad de plantar semillas que funcionan como germen para un universo más vasto. Más que recomendada para seguidores de la aventura o la ciencia ficción.