Hotel by the river. Dirección: Hong Sang-soo. Corea del sur, 2018. Guión: Hong Sang-soo. Elenco: Joo-Bong Ki, Min Hee Kim, Kwon Hae-hyo, Song Seon-mi, Yu Jun-Sang.

El director coreano Hong Sang-Soo, ya reconocido por su estilo calmo e intimista, trae al festival su 23° largometraje de ficción titulado Hotel by the river. Fue difícil ingresar al universo en un blanco y negro suave, de pocos cortes y planos mantenidos, de largas conversaciones y ausencia casi absoluta de música, luego de unos primeros veinte minutos de problemas con el proyector de los subtítulos, gente abucheando y aplaudiendo y otra gente callando a los primeros. El ruido generalizado en la sala producía un contraste pintoresco con ese mundo etéreo que se quería imponer desde la pantalla. Postales del choque cultural que pone en juego la pantalla, el cual suele pasar desapercibido pero que, gracias a este tipo de situaciones, reflota con toda su potencia generadora de momentos únicos.

Una vez re-comenzada la película, empieza de a poco a ganar terreno la tranquilidad intensa que plantea Sang-Soo. En este caso, se trata de la historia de cinco personajes que se encuentran por casualidad en un hotel frente a un río: dos hermanos y su padre, y dos mujeres. El director aprovecha esta ubicación para hacer a sus personajes encontrarse en distintas circunstancias e intercambiar diálogos acerca del amor, de la muerte, de las relaciones, del arte y la fama, entre otras cosas. La apuesta es clara: la cámara se queda quieta (apenas si se mueve mediante el uso del zoom buscando efectos cómicos o para captar mejor la expresividad de los actores en ciertos momentos) y los artilugios visuales son casi nulos (hay, en algunas escenas, juegos de desincronización entre la pista de audio y la imagen, pero no mucho más). Una estética marcada por un blanco y negro pálido: se trata de un cine dedicado a captar un trasfondo, no diría existencial, sino vivencial, de la experiencia humana. El padre, poeta con relativo reconocimiento, está obsesionado con la idea de la muerte, de modo tal que ésta se expande como bruma por todo el filme: no como una certeza trágica, sino como un abrazo íntimo que envuelve al ser humano, como algo intensamente sentido.

Si bien la acción se sitúa cronológicamente a lo largo de un día, está construida de manera fragmentaria. No hay una cohesión estricta entre las escenas, una estructura temporal rígida. Se trata más bien de momentos. El espacio del hotel da cabida a esta utilización del tiempo y del espacio: pareciera que los personajes llegan a él evadiéndose momentáneamente de sus vidas cotidianas y tomándose un intervalo, un paréntesis en el que se permiten encontrarse con el otro y consigo mismo: una de las mujeres luego de terminar una relación, los hermanos con un padre al que han visto poco y cuya presencia simbólica los ha marcado, y un padre que, ya en sus últimos años, duda de las decisiones que ha tomado y de su capacidad para relacionarse con sus hijos. Los reencuentros hacen reflotar el pasado para sanarlo. El proceso no es desde ya indoloro, pero sí de una belleza calma y contagiosa.

Quién te cantará. Dirección: Carlos Vermut. España, 2018. Guión: Carlos Vermut. Elenco: Najwa Nimri, Eva Llorach, Carme Elías, Natalia de Molina, Julián Villagrán,Vicenta N’Dongo, Inma Cuevas, Ignacio Mateos, Catalina Sopelana.

Carlos Vermut continúa diseñando y construyendo películas macabras y opresivas en este su tercer largometraje. Quién te cantará retoma algunos planteos conceptuales y estilísticos de Persona de Bergman y los tiñe de negro con la historia de Lila, estrella de la música retirada hace diez años que sufre un accidente y pierde la memoria, y Violeta, madre soltera fanática de Lila y cantante fracasada que trabaja en un karaoke imitándola. El guión nos lleva a los límites entre lo real y de lo irreal, nos posiciona en medio de la vigilia y la pesadilla, pero al mismo tiempo Vermut se cuida de no abusar de esta herramienta, utilizándola solo en ciertos momentos que se vuelven especialmente significantes, ya que reconfiguran la trama de sentidos que la película viene construyendo hasta ese momento. Con este cambio puesto avanza el largometraje, desde la introducción a los dos personajes principales, hasta su inevitable convergencia y sus consecuencias.

El cine de Vermut no es, pese a lo que podría aparentar, complicado, críptico ni mucho menos inaccesible. Ésta es, probablemente, su película más ‘legible’. Es decir que, aunque echando mano tanto en sus guiones como en su puesta en pantalla de una semántica más bien poética, siempre en contacto con el registro metafórico y simbólico, es factible seguir una trama clara y continua hasta el final. Claro que sus películas permiten cierta especulación interpretativa: el uso de los nombres, ciertos planos más irreales que otros, momentos de intensidad semántica, de enriquecimiento de significados, etc. Es un cine que da para el debate de sobremesa. Por otro lado, sus películas exploran lo ominoso del ser humano, de las relaciones que establece con el otro, de los espacios que construye y habita, y del uso que hace del lenguaje. En prácticamente cada centímetro de fotograma de la película podría pensarse la persistencia de algo oscuro, innombrable, impensable, que acecha, que insiste en el plano de lo familiar, de lo íntimo, de lo cariñoso.

Hay una sola cosa que no me gusta de Quién te cantará. Tiene que ver con la resolución de uno de los personajes. Hay algo en las implicancias que se ponen en juego con ese final que no es coherente, o al menos no es satisfactorio. Es, desde un punto de vista narrativo, contradictorio con el arco de ese personaje. Por lo demás, la última película de Vermut mantiene la vitalidad semántica de siempre, y es, tal vez más que nunca, una experiencia audiovisual entretenida y memorable. La recomiendo para cualquiera que le guste una vuelta de tuerca cerebral y sombría al drama de personaje.